Independientemente de los logros en seguridad democrática, en lo eufóricos y apasionados que podamos estar los colombianos por los resultados ampliamente divulgados en la lucha contra las farc, un tercer período del Gobierno Uribe no sería conveniente para la frágil democracia colombiana.
Las razones no parecen estar a la vista, pero la separación e independencia de los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial son vitales para nuestra Nación.
Los colombianos estamos acudiendo a una excesiva concentración de poder en el primer mandatario que prácticamente gobierna solo, con un Congreso inexistente, las altas Cortes alienadas y un Ejecutivo casi omnipresente y tomando todas las decisiones sin importar poco o nada la intervención de los otros poderes.
A esto se suma que los partidos de oposición cuentan con propuestas y acciones de poca trascendencia y prácticas para el país, como el acuerdo entre el Polo y el Partido Liberal para evitar la reelección.
La alta popularidad presidencial se ha capitalizado en las múltiples acciones contra la guerrilla de las farc, propiciando una aparente sensación de calma y pacificación. Aun asi en Colombia no se ha cristalizado una sola propuesta de paz entre Gobierno y farc.
Sin importar la gestión de este Gobieno, el país necesita refrescarse, renovar su clase política, permitir la aparición de nuevas propuestas y líderes siempre será sano para la democracia.
La democracia debe ser dinámica, es necesaria para blindar los Estados contra las prácticas clientelistas y la excesiva concentración de poder en pocos o en los mismos.
Colombia debe apartarse de la euforia del momento y analizar con calma que tan conveniente es o no un tercer período presidencial.






