Parece que hacer política en Colombia ahora es cuestión de estar o de las Farc o de los Paras.
Ya sea para buscar una posición ventajosa frente a la opinión, por sacar unos cuantos votos en regiones donde estos movimientos al margen de la Ley tienen influencia, o simplemente para engancharse en la no despreciable popularidad que arrastra a quienes se abanderan del Acuerdo Humanitario.
Lo cierto es que el computador de Raúl Reyes está dando para todo, y se ha ido destapando de a poquitos, ahora es la versión de que el Polo, partido de izquierda, tiene vínculos con las Farc, a lo que decididamente Gustavo Petro ha salido a decir que de comprobarse estos nexos, el Polo debe acabarse, pues se rompería el pacto que le dio origen al movimiento integrado por miembros del M-19.
De continuar esta serie de denuncias, que de hecho no se deben pasar por alto, estaríamos ante una clase política de la cual poco o nada hay para rescatar y todos untados, obligan a formular muchas preguntas en el ya difícil panorama político colombiano: ¿Qué va a pasar con el Congreso?, ¿ Cuál es el futuro de una reforma constitucional para el tercer periodo de Uribe?, ¿Se deben revocar los partidos a los que les sean comprobados nexos con paras o farc?.
Este escenario político, constante en Colombia, es donde han germinado la violencia de origen político, y las guerrillas, la más popular y sangrienta de la historia de este país: Las Farc.
Ahora con la muerte de su máximo líder, seguramente deberá replantear mucho de lo que hasta ahora ha sido su lucha armada financiada con el narcotráfico.
Los muchos golpes militares que le ha propiciado el Gobierno actual, y la reciente estrategia para desintegrar a sus miembros, ofreciendo recompensas para quienes liberen los secuestrados, aparentemente podrían llevarla al fin.
Siempre se ha afirmado que para obligar a las Farc a negociar, se debían debilitar militarmente, si esto es lo que el Gobierno está seguro ha logrado a través de inteligencia militar en los últimos tres años, entonces lo que extraña es el silencio de los nuevos jefes guerrilleros.
El silencio de las Farc tiene la atención de los colombianos, que esperan que por fin este país encuentre caminos de reconciliación y reconstrucción de su escenario político, la pregunta válida es ¿con quién? Si al parecer nadie se salva.






